sábado, 23 de julio de 2011

No me agrada Bukowski


He mentido a dios, a mi madre, al fisco, a mis amigos, al mundo
He robado a mis parientes, a la iglesia, a mis amigos, a mis empleadores
He deseado a mi madre, a mi hermana, a las niñas

Pero no me agrada Bukowski

He violado a mi esposa
He renegado a dios, al amor, a la amistad
He sido niño de la calle, monaguillo, drogadicto, alcohólico, ratero

Pero no me agrada Bukowski

He deseado a la mujer de amigo y lo he engañado con ella
He imitado a quienes admiro
He violado los derechos de autor de los pensadores

Pero no me agrada Bukowski

He deseado la muerte de quienes me han herido
He dejado inconcluso lo que he iniciado
He incumplido mis promesas

Pero no me agrada Bukowski

He acumulado
He codiciado
He envidiado

Pero no me agrada Bukowski

Lo que me agrada es haber incumplido las expectativas que tenían de mí

lunes, 11 de julio de 2011

Recuerdo Infantil

Recuerdo un pensamiento infantil en solitario, en un departamento de varias habitaciones, ahí vivíamos mi mamá y yo; su hermana nos daba alojamiento y aun ignoraba que todo niño debía tener papá; tal como dictaban las buenas costumbres, mi madre debía mostrar gratitud a las personas bondadosas, así fue como mi madre se convirtió de tiempo completo en dama de compañía de su hermana, y nunca dejo de serlo aun después de tener su propio departamento: a pesar suyo lo fue hasta que la muerte de su hermana la libero. Su actividad de acompañante no admitía niños, por eso permanecía en solitario gran parte del día en ese departamento. Una noche cuando dormía en mí recamara, no recuerdo que mi madre durmiera conmigo, desperté con una sensación extraña, la atmósfera cotidiana era diferente, las sombras bamboleantes sobre la pared proyectadas por una lámpara de aceite como gesto de adoración para alguna deidad, no me provocaron el temor de siempre, salí al comedor en penumbra rumbo a la puerta que comunicaba al patiecillo y a la entrada de la cocina, cuchichiaban con evidente tristeza la muerte de alguien, planeando salir rumbo al lugar en donde se encontraba el cuerpo sin vida; manifestando mi mamá su preocupación por dejarme solo durante la noche, su hermana dijo que no había motivo de preocupación, cambiaron su ropa por otra de color negro, como la del cura que visitábamos de vez en cuando, pero sin la sonrisa con la cual nos recibía y que provocaba en mi una molesta inquietud. Silenciosamente regrese a la cama pensando en la importancia de morir, que obligaba a las personas a actuar en contra de sus preocupaciones, y me dije que sería bueno morir, para que desviaran su atención hacia mi y así descubrir lo buen niño que era.

Coleccionar


Hoy al mover unos archivos de video de una carpeta, en el disco duro, pensaba que iniciaba una nueva colección, como esas colecciones de estampitas que hace años ofrecía la fabrica de pastelillos Marínela, "Recuérdame" dice el gansito, y como no, si me proporcionaba varios placeres, no recuerdo cuando me convertí en un esclavo del placer, pero estoy seguro que fue mucho antes de probar dicho pastelillo. El placer del paladar infantil nada glamoroso y saciable. El placer de descubrir cosas que no sabia que existían, la temática de esas colecciones se basaban sobre cosas reales, el transporte, la historia, etc., eso aumento mi sabiduría sobre el tema, aun hoy la información contenida en esas impresiones del tamaño de 1/16 de una hoja de papel tamaño carta, es base para decir con seguridad algún dato relacionado con la temática de la colección. El placer visual: imágenes de objetos que existían pero que no podía tocar, y que con una inocencia o confianza infinita las consideraba veraces. El placer social: reunirse con tus amigos de la escuela para intercambiar estampitas por aquellas que faltaban para completar el álbum, álbum que nunca completé por culpa de las estampas imposibles de conseguir, ahora entiendo que es un recurso para estimular el consumo del producto que las incluían, eso si: Gratis. El echar volados con los compañeritos para incrementar la acumulación de estampitas, el volumen de lo acumulado crecía tanto que se requerían de todas las bolsas de nuestra vestimenta para transportarlas. Faltan más placeres, sutiles y menos compartidos.
Mi nueva colección de videos difiere de mi colección de estampitas, carece de algunos placeres pero tiene otros nuevos, aunque mas elaborados por no decir refinados; una característica de esta nueva colección es su naturaleza particular e íntima, no esta sujeta a cumplir un objetivo como completar un álbum, o el de competir con otros por completarlo, placer infantil que se pierde en esta nueva colección. La naturaleza particular, íntima y anónima, posiblemente resultado de una obsesión motivada por un malestar del alma, le da un toque de colección secreta, de una secrecía casi perfecta: nadie conoce su existencia. Hasta después de mi muerte ojos extraños descubrirán esta colección, serán extraños porque algún coleccionista, desconocido, de componentes para PC, habrá encontrado, en un puesto callejero de esos tianguis en donde es posible encontrar lo que no buscabas, el disco duro de mi PC, ignorante del recorrido desde mi PC hasta ese lugar en el puesto sobre el piso cubierto por una tela que se adivina sucia, desgastada y de colores deslavados por el sol. Al hurgar en los archivos, encontrará documentos que borrará porque los encontrara carentes de interés, incluso este mismo documento; descubrirá los videos, pero no comprenderá el orden en que están archivados en las diferentes carpetas, a menos que sea un alma gemela, situación irónica e imposible, pero si llegara a suceder, descubriría en mi una faceta oculta para mis conocidos, una sensibilidad artística podría llamarla.

domingo, 10 de julio de 2011

El Puzzle



Los dos parecían idénticos, uno era la sombra del otro y viceversa, pero no era así, se diferenciaban en: estatura, color de piel, cabello, tono de voz, y cuando escuchabas y mirabas detenidamente: sus voces y ademanes se diferenciaban mucho, así como sus vestimentas. Parecían uno solo porque tenían muchas cosas en común, gustaban de la misma música, lecturas, cine, mujeres, los mimos gadgets pero sin ser Geeks, compartían algunos placeres como la yerba, el alcohol, el cigarro puro y platicar de proezas sexuales.
Parecían uno solo, uno embonaba en el otro a la perfección, como dos piezas de un rompecabezas, uno parecía que cobijaba al otro; el que embonada y era cobijado, era así porque sentía que tenia una deuda moral con el otro, por eso el cobijamiento, el cobijador se sintió que había cumplido un deber, como todo buen Scout Boy que fue.
La deuda moral era por la ayuda recibida: un consejo y una recomendación; que le ayudo a ahorrar unos pesos; pero el deudor moral no sabía poner límite a esa deuda, y cada vez que se encontraban, ya sea en persona o en una red social, empezaba de nuevo a pagar su deuda, eso los vinculaba fuertemente, porque el acreedor moral prolongaba el placer del deber cumplido.
Yo no encajaba con ellos, que eran dos piezas de un nuevo y vasto rompecabezas, piezas relucientes y llamativas, y sobre todo, no tenía deuda moral alguna. Intuía que las piezas que formaban el rompecabezas que soy yo, de alguna forma embonaban en ese nuevo juego, pero mis piezas eran colocadas a la orilla de la gran mesa en donde se armaba el nuevo puzzle, esperando un patrón en donde pudieran encajar, pero era difícil porque las piezas que me conformaban, de tanto uso y de jugar con ellas, eran opacas y anodinas.
Pero el armar rompecabezas requiere de observación para seguir ciegamente los patrones, y como primer axioma para el armado: todas la piezas deben lucir igual condición, nuevas y relucientes o usadas y gastadas; nadie en su sano juicio, sentido común, se atrevería a mezclar piezas de diferentes puzzles, aunque fueran idénticos en diferentes tiempos; y eso, requiere de una lógica audaz.
Seguí esperando en la orilla de la mesa, poder integrarme, mientras se integraban mas piezas nuevas y relucientes, primero fueron 2, luego 3, 5, 8, 13, 21, etc.
Espere hasta que el nuevo puzzle se volvió opaco y usado, después de tanto juego y uso, y yo de adquirir deudas morales; solo entonces, pude integrarme y así formar un rompecabezas aún mas vasto e interesante, que rebasaba de toda lógica.