lunes, 11 de julio de 2011

Recuerdo Infantil

Recuerdo un pensamiento infantil en solitario, en un departamento de varias habitaciones, ahí vivíamos mi mamá y yo; su hermana nos daba alojamiento y aun ignoraba que todo niño debía tener papá; tal como dictaban las buenas costumbres, mi madre debía mostrar gratitud a las personas bondadosas, así fue como mi madre se convirtió de tiempo completo en dama de compañía de su hermana, y nunca dejo de serlo aun después de tener su propio departamento: a pesar suyo lo fue hasta que la muerte de su hermana la libero. Su actividad de acompañante no admitía niños, por eso permanecía en solitario gran parte del día en ese departamento. Una noche cuando dormía en mí recamara, no recuerdo que mi madre durmiera conmigo, desperté con una sensación extraña, la atmósfera cotidiana era diferente, las sombras bamboleantes sobre la pared proyectadas por una lámpara de aceite como gesto de adoración para alguna deidad, no me provocaron el temor de siempre, salí al comedor en penumbra rumbo a la puerta que comunicaba al patiecillo y a la entrada de la cocina, cuchichiaban con evidente tristeza la muerte de alguien, planeando salir rumbo al lugar en donde se encontraba el cuerpo sin vida; manifestando mi mamá su preocupación por dejarme solo durante la noche, su hermana dijo que no había motivo de preocupación, cambiaron su ropa por otra de color negro, como la del cura que visitábamos de vez en cuando, pero sin la sonrisa con la cual nos recibía y que provocaba en mi una molesta inquietud. Silenciosamente regrese a la cama pensando en la importancia de morir, que obligaba a las personas a actuar en contra de sus preocupaciones, y me dije que sería bueno morir, para que desviaran su atención hacia mi y así descubrir lo buen niño que era.

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