lunes, 11 de julio de 2011

Coleccionar


Hoy al mover unos archivos de video de una carpeta, en el disco duro, pensaba que iniciaba una nueva colección, como esas colecciones de estampitas que hace años ofrecía la fabrica de pastelillos Marínela, "Recuérdame" dice el gansito, y como no, si me proporcionaba varios placeres, no recuerdo cuando me convertí en un esclavo del placer, pero estoy seguro que fue mucho antes de probar dicho pastelillo. El placer del paladar infantil nada glamoroso y saciable. El placer de descubrir cosas que no sabia que existían, la temática de esas colecciones se basaban sobre cosas reales, el transporte, la historia, etc., eso aumento mi sabiduría sobre el tema, aun hoy la información contenida en esas impresiones del tamaño de 1/16 de una hoja de papel tamaño carta, es base para decir con seguridad algún dato relacionado con la temática de la colección. El placer visual: imágenes de objetos que existían pero que no podía tocar, y que con una inocencia o confianza infinita las consideraba veraces. El placer social: reunirse con tus amigos de la escuela para intercambiar estampitas por aquellas que faltaban para completar el álbum, álbum que nunca completé por culpa de las estampas imposibles de conseguir, ahora entiendo que es un recurso para estimular el consumo del producto que las incluían, eso si: Gratis. El echar volados con los compañeritos para incrementar la acumulación de estampitas, el volumen de lo acumulado crecía tanto que se requerían de todas las bolsas de nuestra vestimenta para transportarlas. Faltan más placeres, sutiles y menos compartidos.
Mi nueva colección de videos difiere de mi colección de estampitas, carece de algunos placeres pero tiene otros nuevos, aunque mas elaborados por no decir refinados; una característica de esta nueva colección es su naturaleza particular e íntima, no esta sujeta a cumplir un objetivo como completar un álbum, o el de competir con otros por completarlo, placer infantil que se pierde en esta nueva colección. La naturaleza particular, íntima y anónima, posiblemente resultado de una obsesión motivada por un malestar del alma, le da un toque de colección secreta, de una secrecía casi perfecta: nadie conoce su existencia. Hasta después de mi muerte ojos extraños descubrirán esta colección, serán extraños porque algún coleccionista, desconocido, de componentes para PC, habrá encontrado, en un puesto callejero de esos tianguis en donde es posible encontrar lo que no buscabas, el disco duro de mi PC, ignorante del recorrido desde mi PC hasta ese lugar en el puesto sobre el piso cubierto por una tela que se adivina sucia, desgastada y de colores deslavados por el sol. Al hurgar en los archivos, encontrará documentos que borrará porque los encontrara carentes de interés, incluso este mismo documento; descubrirá los videos, pero no comprenderá el orden en que están archivados en las diferentes carpetas, a menos que sea un alma gemela, situación irónica e imposible, pero si llegara a suceder, descubriría en mi una faceta oculta para mis conocidos, una sensibilidad artística podría llamarla.

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